RESONANCIA EN LAS RELACIONES HUMANAS: por qué algunas personas llegan a nuestra vida y otras no

 RESONANCIA EN LAS RELACIONES HUMANAS:

por qué algunas personas llegan a nuestra vida y otras no


SPIC — Servicios Psicoterapéuticos Integrales y Capacitación

Pensamiento Clínico Integrativo

Por Gabriel Navarrete Fernández


No elegimos a las personas únicamente con la cabeza.

A veces las elegimos con la historia que habita en nuestro ser.

Hay encuentros que parecen inexplicables.

Personas que sentimos cercanas desde el primer momento, como si algo dentro de nosotros las reconociera. Y también ocurre lo contrario: personas que, sin haber hecho nada en particular, nos generan incomodidad o distancia.

Solemos pensar que se trata de gustos, coincidencias o simple “química”.

Pero en muchos casos lo que está ocurriendo es algo más profundo: resonancia.

Desde una mirada sistémica y psicobiológica, los seres humanos no somos sistemas aislados. Somos sistemas emocionales, biológicos, relacionales e históricos. Y como todo sistema, tendemos a resonar con aquello que se mueve en una frecuencia similar a la nuestra.

En otras palabras: nuestros sistemas internos tienden a sincronizarse con otros sistemas que resultan familiares.

A veces esa resonancia genera bienestar.

Otras veces reproduce exactamente aquello que nos ha hecho sufrir.

Porque el sistema humano no busca necesariamente lo sano.

Muchas veces busca lo conocido.

Cuando la resonancia genera calma

Un sistema que ha aprendido a regularse —que ha trabajado su historia emocional y ha desarrollado mayor conciencia de sí mismo— suele sentirse cómodo con personas que también poseen cierta estabilidad interna.

En estos encuentros aparece algo muy particular: la relación no exige lucha constante.

Hay espacio para:

el diálogo

la diferencia

la reparación cuando algo duele

Dos personas con sistemas relativamente regulados tienden a generar algo parecido a esto:

conversaciones que no se convierten en guerra

silencios que no se sienten como abandono

cercanía que no asfixia

No significa que no existan conflictos.

Significa que el vínculo tiene capacidad de autorregulación.

Es como si dos sistemas encontraran un ritmo común.

Cuando la resonancia reproduce el caos

Pero también existe otro tipo de resonancia.

Un sistema que creció en medio de la imprevisibilidad, la tensión emocional o el abandono puede sentirse extrañamente atraído por relaciones que contienen ese mismo tipo de energía.

No porque las desee de forma consciente.

Sino porque su sistema nervioso reconoce esa dinámica.

Por ejemplo:

La persona que creció con un padre emocionalmente distante puede sentirse atraída por parejas inaccesibles.

La persona que vivió relaciones intensas y conflictivas puede confundir la calma con aburrimiento.

La persona que aprendió a cuidar a todos puede terminar vinculándose con quienes siempre necesitan ser rescatados.

No se trata simplemente de mala suerte.

Muchas veces se trata de resonancia con historias no resueltas.

El sistema reconoce lo que ya conoce.

Incluso cuando ese patrón genera sufrimiento.

Cuando un sistema desorganiza a otro

También existen relaciones donde ocurre algo distinto.

Un sistema profundamente desregulado puede arrastrar a otro hacia el caos.

Al inicio puede parecer intensidad, pasión o conexión profunda.

Pero con el tiempo aparecen:

desgaste emocional

confusión constante

ciclos repetitivos de ruptura y reconciliación

sensación de perderse a uno mismo dentro de la relación

Es el encuentro entre dos sistemas donde uno intenta sostener el orden… mientras el otro amplifica el desorden.

La resonancia que transforma

Sin embargo, no todas las resonancias repiten el pasado.

A veces ocurre algo distinto.

Una persona con mayor estabilidad emocional puede convertirse en una experiencia relacional correctiva para alguien que creció en medio del caos.

No porque venga a salvar al otro.

Sino porque ofrece algo que el sistema nunca conoció:

consistencia

presencia

respeto por los límites

capacidad de reparar el daño

Y poco a poco el sistema que vivía en tensión comienza a descubrir otra forma de vincularse.

El sistema aprende que también existe la calma.

Preguntas para la reflexión

Tal vez la pregunta importante no sea:

¿Por qué siempre me encuentro con personas que me hacen daño?

Tal vez la pregunta sea otra:

¿Con qué parte de mi historia están resonando esas personas?

¿Estoy eligiendo desde mi conciencia… o desde mis heridas?

¿Busco relaciones que me permitan crecer… o relaciones que repitan lo que ya conozco?

¿La intensidad que siento es amor… o familiaridad con el caos?

¿La calma que me ofrecen algunas personas me da paz… o me provoca miedo?

A veces creemos que elegimos mal a las personas.

Pero muchas veces lo que ocurre es que nuestro sistema aún resuena con historias que no han terminado de sanar.

Y tal vez el verdadero trabajo no consista en encontrar a la persona correcta.

Sino en transformar la frecuencia interna desde la que nos relacionamos.

Porque cuando un sistema cambia profundamente…

las resonancias también cambian.

Y entonces, casi sin darse cuenta,

la vida empieza a traer encuentros diferentes.

Referencias breves

Este artículo se inspira en aportes provenientes de distintos campos del pensamiento clínico contemporáneo:

John Bowlby – Teoría del apego y modelos internos de relación.

Stephen Porges – Regulación del sistema nervioso y teoría polivagal.

Murray Bowen – Teoría de los sistemas familiares y transmisión relacional.

Allan N. Schore – Regulación afectiva y desarrollo del cerebro relacional.

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