Cuando el trauma no se resuelve: implicaciones del estrés oxidativo y el abordaje psicoterapéutico desde la PNIE

Cuando el trauma no se resuelve: implicaciones del estrés oxidativo y el abordaje psicoterapéutico desde la PNIE

 

AFILIACIÓN:

SPIC — Servicios Psicoterapéuticos Integrales y Capacitación

Pensamiento Clínico Integrativo


AUTOR:

Gabriel Navarrete Fernández

 

 

 

Introducción

 

En la práctica clínica contemporánea, el trauma psicológico ha dejado de comprenderse únicamente como un fenómeno narrativo o emocional. Existe evidencia creciente de que las experiencias traumáticas no resueltas tienen correlatos biológicos sostenidos, impactando sistemas clave del organismo (Miller, Chen, & Parker, 2011).

 

Uno de estos efectos, menos visible pero altamente relevante, es el incremento del estrés oxidativo, un proceso asociado al desgaste celular, la inflamación crónica y diversas alteraciones en la salud física y mental.

 

En este sentido, el trauma no solo se recuerda: también se sostiene en el cuerpo.

 

Desde la perspectiva de la Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE), resulta posible comprender cómo los procesos psicoterapéuticos pueden incidir indirectamente en estos mecanismos fisiológicos, favoreciendo la regulación sistémica del organismo.

 

Trauma no resuelto como estado fisiológico crónico

 

Cuando una experiencia traumática no logra ser procesada e integrada, el organismo puede permanecer en un estado de activación persistente. Esto implica la participación continua de sistemas de respuesta al estrés, particularmente el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA) y el sistema nervioso autónomo.

 

Esta activación sostenida se traduce en:

 

- Elevación o desregulación del cortisol

- Incremento de la actividad simpática

- Estados de hipervigilancia

- Activación inflamatoria crónica

 

Como plantea McEwen (1998), la exposición prolongada a mediadores del estrés genera efectos acumulativos en el organismo, fenómeno conocido como carga alostática.

 

Así, el trauma deja de ser únicamente un evento del pasado y se convierte en un estado fisiológico que puede mantenerse activo en el presente.

 

En la práctica clínica, esto se observa con frecuencia. Por ejemplo, una mujer de 38 años con antecedentes de abuso emocional en la infancia refiere ansiedad persistente, insomnio y una sensación constante de alerta. A pesar de reconocer que actualmente se encuentra en un entorno seguro, su cuerpo continúa respondiendo como si la amenaza siguiera presente. Este tipo de presentación clínica es consistente con una activación sostenida de los sistemas de respuesta al estrés.

 

Estrés oxidativo: un mecanismo de desgaste asociado al trauma

 

El estrés oxidativo se define como un desequilibrio entre la producción de especies reactivas de oxígeno y la capacidad del organismo para neutralizarlas mediante sistemas antioxidantes.

 

Diversos estudios han documentado que condiciones como la depresión, la ansiedad y el estrés crónico presentan niveles elevados de marcadores de estrés oxidativo (Black, Bot, Scheffer, & Penninx, 2015; Liu et al., 2015). Asimismo, el estrés psicológico sostenido se ha asociado con la activación inflamatoria y con alteraciones en el funcionamiento del sistema inmune (Segerstrom & Miller, 2004).

 

Estos procesos se vinculan con:

 

- Daño celular y tisular

- Alteraciones en la función neuronal

- Disfunción inmunológica

- Incremento de procesos inflamatorios

 

En este punto, resulta relevante comprender que el impacto del trauma no se limita a la esfera psicológica: también implica un desgaste biológico progresivo.

 

Esto puede observarse en pacientes que, además de sintomatología emocional, presentan fatiga persistente, dolor corporal o afecciones recurrentes sin una causa médica claramente identificable.

 

La PNIE como marco integrador

 

La Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) propone un modelo integrador en el que los sistemas psicológico, nervioso, inmunológico y endocrino interactúan de manera constante.

 

Desde este enfoque, el trauma no resuelto puede entenderse como un factor que desregula múltiples sistemas de manera simultánea, afectando tanto la respuesta al estrés como los procesos inflamatorios y oxidativos (Miller et al., 2011).

 

Este marco permite comprender cómo experiencias subjetivas pueden traducirse en cambios fisiológicos medibles. Sin embargo, en algunos casos, el origen de esta desregulación no se limita únicamente a la historia individual.

 

Dimensión transgeneracional del trauma

 

En la práctica clínica, es frecuente encontrar pacientes cuya sintomatología no se explica completamente a partir de su biografía directa. Aparecen entonces patrones emocionales, relacionales y somáticos que parecen tener raíces más profundas dentro del sistema familiar.

 

La investigación en epigenética sugiere que experiencias de estrés severo pueden influir en la expresión génica de generaciones posteriores, especialmente en sistemas relacionados con la respuesta al estrés y la regulación emocional (Yehuda & Bierer, 2009).

 

Desde esta perspectiva, el trauma puede transmitirse no solo a través del relato o la dinámica familiar, sino también mediante mecanismos biológicos que predisponen al organismo a responder de determinada manera.

 

Un ejemplo clínico de esto es el caso de un hombre de 45 años con historia de negligencia emocional, quien consulta por fatiga crónica, bajo estado de ánimo y sensación de agotamiento constante. Durante el proceso terapéutico, emerge una historia familiar marcada por pérdidas, silencios y figuras parentales emocionalmente indisponibles.

 

Si bien el paciente no vivió directamente ciertos eventos traumáticos, su sistema parece haber heredado una forma de responder al mundo desde la alerta, la desconexión y el desgaste. Desde la PNIE, esto puede entenderse como una carga alostática acumulada que no inicia únicamente en el individuo, sino en el sistema al que pertenece.

 

El papel de la psicoterapia en la regulación sistémica

 

Si bien la psicoterapia no actúa de manera directa sobre los procesos oxidativos, sí interviene en los mecanismos que los modulan.

 

La evidencia indica que intervenciones psicológicas orientadas a la regulación del estrés pueden generar cambios en marcadores biológicos, incluyendo disminución del cortisol y mejoras en la función inmunológica (Segerstrom & Miller, 2004).

 

Un abordaje psicoterapéutico que incluya el procesamiento del trauma, la regulación emocional y la reconexión con el cuerpo puede favorecer:

 

- Disminución de la activación del sistema nervioso simpático

- Regulación del eje HPA

- Reducción de niveles de cortisol

- Disminución de marcadores inflamatorios

 

En el caso previamente descrito, a medida que el paciente comienza a elaborar su historia no solo personal, sino también familiar, se observa una disminución progresiva en la sensación de agotamiento, una mayor regulación emocional y una reconexión con su experiencia corporal.

 

Esto sugiere que el trabajo terapéutico, al integrar lo individual y lo transgeneracional, puede favorecer una reorganización más profunda de los sistemas implicados en la respuesta al estrés.

 

Conclusión

 

El trauma no resuelto representa una carga significativa para el organismo, no solo a nivel psicológico, sino también biológico. El estrés oxidativo emerge como uno de los mecanismos a través de los cuales este impacto se manifiesta de forma silenciosa.

 

Cuando además se considera la dimensión transgeneracional, el abordaje terapéutico adquiere una profundidad adicional, permitiendo intervenir no solo en la historia individual, sino en patrones más amplios que atraviesan al sistema familiar.

 

Desde la PNIE, la psicoterapia puede entenderse como una intervención que, al favorecer la regulación de sistemas clave, contribuye a disminuir el desgaste fisiológico asociado al estrés crónico.

 

Integrar estas perspectivas permite avanzar hacia modelos de atención más completos, en los que mente, cuerpo e historia dejan de abordarse como entidades separadas.

 

 

 

Referencias

 

Black, C. N., Bot, M., Scheffer, P. G., & Penninx, B. W. J. H. (2015). Oxidative stress in major depressive and anxiety disorders. Psychological Medicine, 45(5), 936–948. https://doi.org/10.1017/S0033291714001961

 

Liu, T., Zhong, S., Liao, X., Chen, J., He, T., Lai, S., & Jia, Y. (2015). A meta-analysis of oxidative stress markers in depression. PLOS ONE, 10(10), e0138904. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0138904

 

McEwen, B. S. (1998). Protective and damaging effects of stress mediators. The New England Journal of Medicine, 338(3), 171–179. https://doi.org/10.1056/NEJM199801153380307

 

Miller, G. E., Chen, E., & Parker, K. J. (2011). Psychological stress in childhood and susceptibility to chronic disease. Psychological Bulletin, 137(6), 959–997. https://doi.org/10.1037/a0024768

 

Segerstrom, S. C., & Miller, G. E. (2004). Psychological stress and the human immune system. Psychological Bulletin, 130(4), 601–630. https://doi.org/10.1037/0033-2909.130.4.601

 

Turecki, G., & Meaney, M. J. (2016). Effects of the social environment and stress on glucocorticoid receptor gene methylation: A systematic review. Biological Psychiatry, 79(2), 87–96. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2014.11.022

 

Yehuda, R., & Bierer, L. M. (2009). The relevance of epigenetics to PTSD. Journal of Traumatic Stress, 22(5), 427–434. https://doi.org/10.1002/jts.20448

 

Yehuda, R., Daskalakis, N. P., Lehrner, A., Desarnaud, F., Bader, H. N., Makotkine, I., & Meaney, M. J. (2016). Epigenetic biomarkers as predictors of PTSD. American Journal of Psychiatry, 173(8), 856–864. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2016.15101007

Comentarios

Entradas más populares de este blog

RESONANCIA EN LAS RELACIONES HUMANAS: por qué algunas personas llegan a nuestra vida y otras no

Sanar el trauma: cuando la historia deja de gobernar la vida