Hiperrresponsabilidad y lealtades invisibles: cuando rescatar desordena el sistema
Hiperrresponsabilidad y lealtades invisibles: cuando rescatar desordena el sistema
SPIC — Servicios Psicoterapéuticos Integrales y Capacitación
Pensamiento Clínico Integrativo
Por Gabriel Navarrete Fernández
Epígrafe
A veces, lo que llamamos amor no es más que una lealtad que no hemos cuestionado.
Hay personas que no saben quedarse quietas cuando algo se desordena.
Si alguien está triste, intervienen.
Si hay conflicto, median.
Si alguien cae, sostienen.
Y lo hacen con la convicción íntima de que eso es amar.
Pero no siempre es amor.
A veces es miedo.
A veces es culpa.
A veces es una lealtad antigua que nunca fue revisada.
La hiperrresponsabilidad no suele comenzar en la adultez.
Se gesta mucho antes, en familias donde algo faltó o algo se desbordó.
Quizá hubo un padre emocionalmente ausente.
Quizá una madre sobrecargada.
Quizá conflictos que nadie sabía cómo resolver.
Y entonces alguien —a veces el hijo más sensible, a veces el más fuerte— ocupó un lugar que no le correspondía.
Mediador.
Sostén.
Traductor emocional.
Lo que en la infancia fue adaptación, en la adultez puede convertirse en identidad.
Ivan Boszormenyi-Nagy habló de lealtades invisibles: compromisos profundos que no firmamos conscientemente, pero que sentimos como deuda moral.
“No dejaré que esto se rompa.”
“No repetiré el abandono.”
“No permitiré que mamá vuelva a sufrir.”
El problema es que esas lealtades, cuando no se cuestionan, pueden transformarse en cadenas.
Murray Bowen describía algo parecido al hablar de la diferenciación: la capacidad de estar cerca sin perderse en la ansiedad del otro.
Cuando esa capacidad es frágil, el malestar ajeno se siente como propio.
Y entonces rescatar no es un acto de generosidad…
es una forma de calmar la angustia interna.
Desde afuera parece fortaleza.
Desde adentro suele haber agotamiento.
En las familias con consumo problemático de sustancias esto se ve con claridad dolorosa.
El padre que paga deudas una y otra vez.
La madre que justifica.
La pareja que encubre.
Se intenta proteger.
Pero al amortiguar las consecuencias, se interfiere en el proceso de responsabilidad del otro.
El síntoma deja de ser individual.
Se vuelve relacional.
Cumple una función: mantiene al sistema en un equilibrio precario.
Salvador Minuchin hablaba de estructuras y límites.
Cuando alguien ocupa permanentemente el lugar de mediador o salvador, la jerarquía se altera.
El sistema se organiza alrededor del rescate.
Y sin darse cuenta, todos terminan dependiendo de esa figura que “sostiene”.
Pero sostener no siempre ordena.
A veces congela.
Renunciar a ese lugar puede sentirse como traición.
Como si al soltar se estuviera abandonando.
Como si el amor se midiera en cuánto peso soportamos.
Sin embargo, diferenciar no es abandonar.
Es ocupar el lugar propio.
No eres terapeuta del mundo.
No eres árbitro de todas las injusticias.
No eres responsable de reparar lo que otros rompen.
Hay cosas que puedes acompañar.
Hay cosas que puedes contener.
Hay cosas que puedes resolver.
Y hay cosas que no te corresponden.
No somos responsables de equilibrar el universo.
Solo de no desordenarlo más ocupando un lugar que no es nuestro.
Tal vez el movimiento más amoroso no sea rescatar.
Tal vez sea permitir que cada quien asuma su parte.
Y tal vez ahí —cuando dejamos de sostener lo que no nos toca—
el sistema, por fin, tenga oportunidad de reorganizarse.
Referencias
Boszormenyi-Nagy, I., & Spark, G. M. (1973). Invisible loyalties: Reciprocity in intergenerational family therapy. Harper & Row.
Bowen, M. (1978). Family therapy in clinical practice. Jason Aronson.
Minuchin, S. (1974). Families and family therapy. Harvard University Press.
Chase, N. D. (Ed.). (1999). Burdened children: Theory, research, and treatment of parentification. Sage Publications.
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Equipo SPIC
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